Escucho la vos desde lo lejos de mi madre, diciéndome -despiértate ya es hora de ir al colegio, y vuelvo a despertar en la vida rutinaria y depresiva que llevo, los dolores que el alma que se despiertan golpeando la puerta, diciéndome ciegamente en el oído -no me fui...
Y respiro, me levanto, voy hacía el baño y veo mi cara demacrada con las ojeras que recalcan toda mi infelicidad, -nunca hubo un tiempo en donde respire paz, pero siempre se hace el intento de estar mejor, siempre me lo repito una y otra vez engañando a mi conciencia a mis traumas, mis dolencias que nadie sospecha que tengo.
Junto mi mochila y me voy con las desganas dejando por el camino mi arrolladora depresión escuchando música lenta y pensando en ese futuro que me espera, que al mismo tiempo no lo creo que lo tenga, destruyendo mi cabeza con tus recuerdos, destruyendo mi aire pensando en que no voy a salir de esta enfermedad, y todos los males que me asechan ¿cuando curare esta depresión que me agobia? ¿ cuando cerrare este libro de lamentos? ¿ cuando mandare a mi vida yo propiamente?
Y me digo ¿Cuando? despacito para que nadie lo oiga y con un dolor en el pecho suspiro lentamente soltando el aire de mis pensamientos y voy, voy por un camino que lo veo, pero lo veo en negro, que lo siento pero lo siento doloroso, que lo respiro y es gris, que lo oigo y vuelvo a caer..
Salvenme de tanto dolor
No lo pienso hablar
Solo pienso que llega mi tiempo..
Cada uno tiene su manera de quemarse la cabeza.
ResponderEliminarExacto.
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