Su vestimenta opaca, el color tenue de sus ojos. Sus mejillas rojas, su pálido color de piel. Y la estación de tren de las 15:30. La llanura de sus sentimientos encontrados y su amor abrumador. Aquellos ojos verdes que iluminaban sus días. Los pasillos caminados por los corredores de la ciudad. Se había ido, en el tren de las 15:30. Su esperanza tirana, su obsesión con lo imposible, acabaron por acribillar su conciencia trasparente. 15:30hs para llorar. Su vestido rojo y su soledad. El amor imposible, el tren gris de puertas de madera. Los bosques fríos. La profundidad de sus sentimientos y la obsesión, para tapar el dolor. Perdió la guerra, el juego se la llevo. Y en sus rutinarias 15:30 hs murió. Él no volvió, su vestimenta de los 90 quedaron allí. Las historias, sus anhelos y tristeza, se llevaron a su muerte segura. Algo tan pulcro y oscuro, la busco, la llevo. Y nunca más se supo de los dos.
Toda una vida resumida en letras. Sentate, ríete y llora un poco, era niño antes, un joven hoy, quizá un viejo mañana.