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Mostrando entradas de abril, 2016

"Casi veinte" Un poco de mi historia personal.

Son las 3.30hs de la madrugada del sábado para ser exactos. Invaden dentro de mi conciencia, cuantitativos espasmos conscientes. Pero especialmente quiero hablar de mi largo recorrido hasta llegar a mi presente. Sume casilleros y reste otros para complementarme e integrarme a un nuevo mundo. Estoy pisando los 20 años, puedo ser sincero, siento que estuve muerto exactamente 18 años. Puedo jurar que todo ese maldito tiempo, viví una vida que no me pertenecía, no era consciente de mi realidad, mis frutos, ni mucho menos de mis afectos. La toxicidad del alcohol hizo estragos en mí, la noche se alumbro de recuerdos depresivos de una infancia que está lejana a mi realidad. Años, intentando jurar que era fuerte. Me veía en la fuente de los deseos rotos, tan desbastada, rendida y sin lágrimas por llorar. Me he pasado años, de relaciones amorosas tan viciosas al fracaso, que siento que no conocí el primer amor. O el amor de mi vida. Suena egoísta. Hubo personas que me amaron, en mi...

Belleza natural.

Su silueta se movía suave, en la cálida noche.  Miradas, se perdían en la cruel estampa de la noche. Luces fluorescentes combinaban con su rostro palido. El néctar cruel de una bebida energizante.- - Y tú que me vez? Soberbio respondió, a su mirar penetrante. -Otro medida por favor! Quemo por dentro, como todas las historias, donde debía reinventarse para no caer. Otro fin de semana, otra noche descontrolaba. Que importaba, estaba tan roto como los cristales de las copas en el suelo. Adentrándose a los fantasmas oscuros de un Sábado por la noche. Camino tambaleando en su soberbia, como si nada importara. Miradas de despreció a los cuerpos tirados.  Sus movimientos cortos, las miradas en su alrededor. Su música favorita de fondo. El luto rostro de la supervivencia, a la abstinencia. -¿Fumas? Quito de su boca, su cigarro de color. Y bailo, con la crueldad de la soberbia de una cara bonita deseada. Utilizando su belleza natural para sus adicciones. Sin qued...

¿Fuiste el enemigo que mas amé?

Recuerdo el día en que nos despedimos. Lo revivo muy a menudo. Hablábamos con un aire a estar separados hace tiempo. Es cierto habían pasado meses. Cruzamos charlas, como si nos volviéramos a ver, como si continuara la tinta del capítulo para seguir escribiendo. El aire era espeso como la neblina en una noche helada de la ciudad. Nuestro aire a superación era tan falso como nuestros abrazos reconfortantes. La escena triste de destrucción, la oculte hasta llegar a mi destino. El último abrazo fue de aquella esperanza escasa que una mujer puede tener cuando su marido va hacía la guerra, con la certeza que un 70% no volverá con vida. Con sutileza te desee lo mejor para tu vida. Y tu silencio sepulcral me hundió en dudas de volver a reencontrarnos. Mi fortaleza a cada kilometro  desaparecía y creía morir en cada estación de las pequeñas ciudades que recorrí. Mi mirada lejana, se perdía en los pinos y la sequía del paisaje. Recuerdos de los primeros dí...

Luces de la ciudad.

Los días corren como una maratón sin fin. Veo las avenidas de la ciudad, encandilar el fondo del más profundo de mis sentimientos. Veo ir y venir personas. Las horas pasan, mientras camino en diferentes rumbos. Vives en mi recuerdo, no lo niego. Muchas personas ocupan su merecido lugar. Aunque tú nunca hayas hecho absolutamente nada para merecerlo. Vives. Vives en mis mañanas peligrosas de llanto. En mis medio días de cocina. En mis tardes de otoño. Vives en mis noches tenues de felicidad y tristeza. Vives en mis domingos. Los crueles domingos, que quizá a ti también te matan. Pero amor mío, hoy puedo verte. No estoy ciego, me saque una venda en los ojos. Aquellas vendas que el amor nos pone, para no afrontar nuestra realidad. Pude verte en cada uno de mis sueños de estos meses agobiantes. En mis mañanas. Me angustie, llore. Pude ver la sangre parar en mi corazón. “Silencios de mañanas” Vi caminar por los corredores de esta casa. Vi mi...

Quédate.

Quiero entregarme a ti en alma y cuerpo. Sanar mis heridas en las sutiles noches oscuras. Que agarres mis brazos cortados,  y los pongas en tu pecho. Y allí, encuentre mi refugio. Soy un pecador y pecar contigo sería tocar el cielo con las manos. El amor es egoísta, es cruel, es tirano y autoritario. Pero es vida. Y mi vida es tuya, si la aceptas. Si no habrá reproches, si aceptas mi pasado, mi presente y mi futuro. Hoy estoy aquí frente a ti. Puedo ver que tus ojos claros, sienten lo mismo. Ellos no me engañarían. Tus manos al tocar cada rincón de mi cuerpo, libera la libertad de amar sin condiciones, sin tiempo, sin preocupaciones. Tus besos cortan el dolor como una suave caricia a mi alma rota. Quédate aquí, siéntate conmigo y miremos hacía dentro de nosotros. Curemos juntos el daño, sellemos nuestro pasado. Sé que tu quieres lo mismo. Simplemente quédate y no prometas nada de lo que no podrás cumplir. Solo basta con abrazar m...