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¿Fuiste el enemigo que mas amé?

Recuerdo el día en que nos despedimos.
Lo revivo muy a menudo. Hablábamos con un aire a estar separados hace tiempo. Es cierto habían pasado meses.
Cruzamos charlas, como si nos volviéramos a ver, como si continuara la tinta del capítulo para seguir escribiendo.
El aire era espeso como la neblina en una noche helada de la ciudad.
Nuestro aire a superación era tan falso como nuestros abrazos reconfortantes.
La escena triste de destrucción, la oculte hasta llegar a mi destino.
El último abrazo fue de aquella esperanza escasa que una mujer puede tener cuando su marido va hacía la guerra, con la certeza que un 70% no volverá con vida.
Con sutileza te desee lo mejor para tu vida.
Y tu silencio sepulcral me hundió en dudas de volver a reencontrarnos.
Mi fortaleza a cada kilometro  desaparecía y creía morir en cada estación de las pequeñas ciudades que recorrí.
Mi mirada lejana, se perdía en los pinos y la sequía del paisaje.
Recuerdos de los primeros días y último. Perdí el sentido y la cordura.
Estuve desnudo, mis sentimientos, mi seguridad y mi vitalidad, se perdieron.
No estábamos destinados.
Pruebas tiradas en la mesa del corredor.
Volvía con el torso cansado y la mirada triste.
Los días, eran tan confusos como un ciego en la gran capital.
Una esperanza leve corría por mis venas, que ibas a volver.
Un día X de un fin de semana.
Mientras corría las horas de los sábados. No llegabas. Moría lentamente,
Lentamente el olvido atrapo mi corazón y mi esperanza murió.
Me levantaba y me acostaba recordando nuestro último día.
Hasta llegar al mes.
Donde las cosas habían tomado su rumbo.
Tenía responsabilidades, metas, sueños por cumplir y entre ellas la lejanía de la nostalgia.
Cada vez menos asomaba su voz, para recordarte con amor.
Semanas lejanas, vientos y tormentas internas, habían arrebatado todo el amor.
Y había encontrado el fin de mi pregunta.
¿Fuiste el enemigo que mas amé? O¿ Fuiste el final, de un comienzo que debía empezar?

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