Su silueta se movía suave, en la cálida noche.
Miradas, se perdían en la cruel estampa de la noche.
Luces fluorescentes combinaban con su rostro palido.
El néctar cruel de una bebida energizante.-
- Y tú que me vez? Soberbio respondió, a su mirar penetrante.
-Otro medida por favor!
Quemo por dentro, como todas las historias, donde debía reinventarse para no caer.
Otro fin de semana, otra noche descontrolaba.
Que importaba, estaba tan roto como los cristales de las copas en el suelo.
Adentrándose a los fantasmas oscuros de un Sábado por la noche.
Camino tambaleando en su soberbia, como si nada importara.
Miradas de despreció a los cuerpos tirados.
Sus movimientos cortos, las miradas en su alrededor.
Su música favorita de fondo. El luto rostro de la supervivencia, a la abstinencia.
-¿Fumas?
Quito de su boca, su cigarro de color.
Y bailo, con la crueldad de la soberbia de una cara bonita deseada.
Utilizando su belleza natural para sus adicciones.
Sin quedarse con nadie al final de la noche.
Su saco celeste, su camisa lisa y sus jeans apretados.
La elegancia de quién intenta levantarse de la guerra.
¿Quién lo notaría?
El muerto busca amor, y el vivo sexo fácil.
Giros, estrellados y pasos torpes.
Una noche rojiza y se encontraba afuera.
Mantengamos la cordura lindo, que la noche recién empieza.
Entre líneas su presa, entre líneas el peligro de morir en su toxica realidad.
-Que feo te ves, pero tú tienes de la buena.
Caminaron hasta alejarse del ruido.
Caminaron con su esperanza de aliviar el manto de silencio que cubría su alma.
Hasta al final.
Hasta que el sol naciera y otro día se sucumbiera.
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