Habíamos despertado
en la noche. Su color de voz. Su mirada. Sus pupilas desveladas y sus mejillas
rojas hacían juego con su piel blanca.
Nos miramos con complicidad, un sexto sentido nos decía que todo iba
terminar ahí. Sentía como lentamente me arrebataban la felicidad, sentía el
miedo fervoroso de decir que desde aquí en más debía caminar solo en medio de
una multitud de metralletas con finalidad de matar. Las promesas habían
reencarnado mis ganas de creer que todo no se iba terminar esa noche antes de
partir, creí cada una de tus palabras, creía haber acertado una vez más, esta
vez no me equivocaba. Creía.
Pero el viento siempre me había dicho que debía pensar con
la cabeza y no con el corazón. Tu abrazo
conforto el momento, mis besos fueron el condimento de las lágrimas y mis ganas
de no dejarte ir. Sabíamos que iba llegar el momento, que pronto íbamos a irnos
y nada de esta historia iba quedar, que las estrellas ya no, nos iban a ver,
que el sótano iba dejar de observar nuestros besos a escondidas, que el patio
en donde la piel se hace sentir iba desaparecer, que las gotas de rocío iban a
secarse, sabíamos que todo iba desaparecer, para ser retrocedido. Por vos, por
mí, miles de veces hasta olvidarnos que amamos en un santiamén y que no me pude
olvidar de nada. Pero vos, ya habías
dado vuelta la página en los kilómetros que quedaban. Una pausa y nunca más iba ser contada, nuestra historia. Pero jugábamos con fuego en decir que no
íbamos a romper nuestras promesas,
jugamos con el diablo al decir que íbamos armar una vida, pero solo era hambre
de futuro y no amor verdadero, que nada ni nadie nos iba separar a pesar de la
distancia, pero te cansaste, justo después de que yo, ya te estaba amando.
Comentarios
Publicar un comentario