Me rompí en las mañanas de corazonadas tristes.
Estaba abatido por los ataques de una personalidad límite.
El sabor amargo del pánico hacía de la luz mi peor enemigo.
Corría la sangre como gritos dolorosos reprimidos como oro
en la montaña.
El miedo fue tal que decidí tomarme un respiro.
Decidí llorar, como nunca antes lo había hecho.
Me empestille para sentirme con vida, sabiendo aún que estaba
muriendo.
El sabor del cigarro del color, el aroma del vodka en
primavera fue el condimento del pánico.
Primero esquirlas y recuerdos. Segundos más tarde estaba
gritando todo aquello que callo.
Llorando, exclamando piedad a la vida.
Exclamando libertad cuando nuevamente me estaba encerrando.
¿Quién era? ¿Dónde saco lo bueno?
Era una crisis más señores.
Me derrumbe en medio del descontrol, los gritos y los llanos
bosques depresivos.
Me desahogue en medio de morir.
No encontré mensajes certeros de mi dolor.
Simplemente tuve una crisis más dentro de la historia del ángel
de negro.
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