Aquella noche habíamos despertado en aquella realidad desgarradora.
Llenos de muertos, lleno de soledad y dos almas juntas intentando amortiguar el dolor con amor francés.
Aún sabiendo que el fingir lastimaba cantábamos en el conservatorios canciones tristes de algún pasado no tan lejano.
El aire se aliviaba y surgía de las paredes pequeñas anchas lineas de colores que montaban la escena mas romántica de aquello que no fue.
Tu solo mirabas al techo.
Yo miraba tu sombra, fingiendo fortaleza, fingiendo libertad, fingiendo no sentir, fingiendo aquello que sucedía en aquel presente extraño.
En aquella casa antigua de paredes altas y abrojos de la codicia y la envidia.
Crecimos en el agujero negro del derrame injusto de almas dividas, simplemente juntadas en un evento familiar.
Nacimos como una pequeña flor en medio del desierto.
Nacimos ahí.
Mientras tu sombra era inevitable amar.
Y mi sonrisa de complicidad era capaz de derribar mis miedo al verte sonreír
Que injusto que el viento derriba siempre al más fuertes. Ya estaba entregado al viento del otoño que se avecinaba y se hacía largo desde del alba.
Que simplicidad para usted quién abrió el placer en la piel.
Las ganas en un muerto.
La vida en el suicida.
Bien por usted que necesitaba complacer para arruinar lo poco que quedaba de mí.
En un tonó ensangrentado desgarrábamos nuestras prendas para fingir.
Fingí no amarte cuando ya lo estaba haciendo.
Fingiste amarme cuando nunca lo hiciste.
Ya arruinaste lo que quedaba de mi.
Ahora que quieres?
No dejarme vivir, porque el vivir se fue aquel día.
Juro haberte esperado tirado en mi cama.
Juro que desde ahí deje de creer en cuentos.
Juro que ahí mi dolor creció en aquel bus y el recorrido que me quedaba para dejarte ir.
Allí los amaneceres no fueron los mismo.
Los despertar fueron agobiantes.
Las enfermedades golpearon mi puerta y de mi...
Ya no quedaba más que esquirlas de mi cuerpo delgado y viejo.
Llenos de muertos, lleno de soledad y dos almas juntas intentando amortiguar el dolor con amor francés.
Aún sabiendo que el fingir lastimaba cantábamos en el conservatorios canciones tristes de algún pasado no tan lejano.
El aire se aliviaba y surgía de las paredes pequeñas anchas lineas de colores que montaban la escena mas romántica de aquello que no fue.
Tu solo mirabas al techo.
Yo miraba tu sombra, fingiendo fortaleza, fingiendo libertad, fingiendo no sentir, fingiendo aquello que sucedía en aquel presente extraño.
En aquella casa antigua de paredes altas y abrojos de la codicia y la envidia.
Crecimos en el agujero negro del derrame injusto de almas dividas, simplemente juntadas en un evento familiar.
Nacimos como una pequeña flor en medio del desierto.
Nacimos ahí.
Mientras tu sombra era inevitable amar.
Y mi sonrisa de complicidad era capaz de derribar mis miedo al verte sonreír
Que injusto que el viento derriba siempre al más fuertes. Ya estaba entregado al viento del otoño que se avecinaba y se hacía largo desde del alba.
Que simplicidad para usted quién abrió el placer en la piel.
Las ganas en un muerto.
La vida en el suicida.
Bien por usted que necesitaba complacer para arruinar lo poco que quedaba de mí.
En un tonó ensangrentado desgarrábamos nuestras prendas para fingir.
Fingí no amarte cuando ya lo estaba haciendo.
Fingiste amarme cuando nunca lo hiciste.
Ya arruinaste lo que quedaba de mi.
Ahora que quieres?
No dejarme vivir, porque el vivir se fue aquel día.
Juro haberte esperado tirado en mi cama.
Juro que desde ahí deje de creer en cuentos.
Juro que ahí mi dolor creció en aquel bus y el recorrido que me quedaba para dejarte ir.
Allí los amaneceres no fueron los mismo.
Los despertar fueron agobiantes.
Las enfermedades golpearon mi puerta y de mi...
Ya no quedaba más que esquirlas de mi cuerpo delgado y viejo.
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