Y sintió como su corazón se despedazaba a cada segundo turbio que
transcurría.
Vio a sus dos hijos con los ojos llenos de lágrimas. El querido tom y jenna implorando en sus miradas una desesperada explicación de la ausencia extraña que estaba ocurriendo.
Tan pequeños y sintiendo el dolor.
Miles de recuentos venían a su mente, miles de preguntas. ¿Por qué lo hizo?, ¿En que falle? ¿A donde fue?
Tindío sus brazos y con las pocas fuerzas que tenía alzo a los dos ángeles pequeños del suelo.
Sus pequeñas manos apoyaron en el corazón de su madre abrazando su alma desbastada y sin explicación.
Mientras la casa caía a pedazos y las ratas comían los pocos restos de comida que quedaba en la mesada. Miraba desbastada todo el desorden que en su hogar ocurría. Camino con sus altos zapatos y su vestido de seda por el hogar que reconstruyo con tanto esfuerzo. Junto a esas dos criaturas y camino cuarto por cuarto, pasillo por pasillo.
No entendía que sucedía.
Gritos fuertes golpeaban su conciencia limpia. Cuando llega al cuarto matrimonial ve los percheros vacios y donde guardaba toda su ropa, solo había papeles de cuentas sin pagar.
Confundida se sienta en la cama junto a los dos ángeles inocentes. Los mira con una pequeña pizca de dolor. Su cara respingada, su tono de piel blanco y sus disimulados ojos deliñados se corren con lágrimas que caían sin fin. Ya no era la misma mujer que llegaba de su trabajo de horario completo, su confianza estaba decidida a desaparecer. Su vida estaba en camino a la perdición de las adicciones tempranas típicas de una depresión que se avecinaba con arrasar todo.
Se preguntaba una y mil veces que hizo mal, si dio hasta su última gota de felicidad.
Como podía explicarles a sus niños. Si ella que fue abandonada con quién juro amor eterno. ¿Donde quedaría su firmeza de mujer de hierro? Si después de esto ya no quedaba más nada más por rearmar y por luchar.
Se moría y solo dos vidas dependían de ella, solo dos vidas, eternas vidas que no comprendían y su vez entendían todo.
¿Cómo podría seguir? ¿Cómo levantarse todos los días e ir a trabajar? y al llegar ver su rostro con pelos castaños y ojos verdes.
¿Seguir? Se preguntaba a cada minuto que transcurrían. Quién iba estar esperándola con la cena lista. Con pequeños detalles de amor, como una rosa al costado de un platillo especial que ella tanto amaba.
Como volverse a despertar sin sentir sus abrazos, sus respuestas positivas a su neurótica forman de ver la vida.
El invierno se avecinaba de manera brusca en la vida de una madre abandonada. Con millones de sueños por cumplir, pero sin esperanzas de hacerlas realidad. Fue asesinada en plena vida, abandonada en las vías de una estación vieja.
Abandonarla con el fin de matarla en su propia vida.
Solo comprendía el hecho de seguir por sus pequeños. Dee levantarse por ellos, trabajar por ellos.
Solo podía luchar por sus sonrisas. Porque el amor de madre es inmenso, aunque la muerte podía ser su escapatoria.
Decidida, pero muerta. Se levanta de la cama matrimonial. Viste a sus dos pequeños que estaban con pañales sucios. Los pone al frente del televisor, besa cada una de sus mejillas.
Sirve una copa de vino. Toma un sorbo largo. Mientras en su mente corrían los recuerdos como imágenes de una película antigua. Camina hacía el baño de paredes blancas. Se mira en el espejo.
Sus ojos gritaban, mientras sus piernas temblaban de miedo a lo nuevo que la vida le impuso. Escuchaba desde allí el ruido del canal infantil que tanto amaban sus hijos y comprendió.
Que toda su vida estaba amando a un ser que fue capaz de prometer amor eterno e irse, si dar una explicación.
Había abandonado hasta sus propios y deseados sueños por él. Quizás hasta dejo de ser esa mujer que soñó en su infancia.
Ella sabía, tenía la certeza que una vez casados el primer año iba ser una relación de amor. Donde el sexo iba ser el desencadenante de muchas nuevas emociones. Que al segundo no lo iban hacer con tanta frecuencia, pero iba amar despertar, ver su rostro y darse cuenta que estaba decidida amarlo hasta el fín de los tiempos, que al cuarto iba estar más que lista para ver como su marido empezaba a desear a otras mujeres estando con ella.
Estaba lista aceptar todo el calvario que una mujer puede sentir cuando se empiezan a desgastar los zapatos de la relación, pero de eso se trataba él amor, decía en los libros. A pesar que dejo de ser ella por completo, estaba segura que el amor iba perdurar.
Pero se fue y solo dejo...
Miserias a las cuales iba recordar durante toda su vida, hasta que las arrugas mataran esa joven vital que llevaba adentro.
Llantos sin explicaciones en las noches durante años.
Fuerza inhumana para vivir, trabajar, desvivirse por esas dos almas que fueron confiadas en un padre y los abandonos.
Solo quedaban ellos, era mucho, era el mejor tesoro.
Pero nunca más iba a volverse a enamorar y solo se encargo sin razón alguna de quebrar un corazón lleno de amor.
Se encargo de matar a otra mujer más, se encargo de armar a otra para sus hijos.
Simplemente se encargo de romper en muchos pedazos un corazón que le pertenecía entero a él.
Ella nunca entenderá, no comprenderá su opción de partir sin dejar un explicación, dejarla sola con sus hijitos.
Nunca volverá entender a un hombre.
Simplemente juro amar a sus hijos, simplemente dejo de ser ella.
Vio a sus dos hijos con los ojos llenos de lágrimas. El querido tom y jenna implorando en sus miradas una desesperada explicación de la ausencia extraña que estaba ocurriendo.
Tan pequeños y sintiendo el dolor.
Miles de recuentos venían a su mente, miles de preguntas. ¿Por qué lo hizo?, ¿En que falle? ¿A donde fue?
Tindío sus brazos y con las pocas fuerzas que tenía alzo a los dos ángeles pequeños del suelo.
Sus pequeñas manos apoyaron en el corazón de su madre abrazando su alma desbastada y sin explicación.
Mientras la casa caía a pedazos y las ratas comían los pocos restos de comida que quedaba en la mesada. Miraba desbastada todo el desorden que en su hogar ocurría. Camino con sus altos zapatos y su vestido de seda por el hogar que reconstruyo con tanto esfuerzo. Junto a esas dos criaturas y camino cuarto por cuarto, pasillo por pasillo.
No entendía que sucedía.
Gritos fuertes golpeaban su conciencia limpia. Cuando llega al cuarto matrimonial ve los percheros vacios y donde guardaba toda su ropa, solo había papeles de cuentas sin pagar.
Confundida se sienta en la cama junto a los dos ángeles inocentes. Los mira con una pequeña pizca de dolor. Su cara respingada, su tono de piel blanco y sus disimulados ojos deliñados se corren con lágrimas que caían sin fin. Ya no era la misma mujer que llegaba de su trabajo de horario completo, su confianza estaba decidida a desaparecer. Su vida estaba en camino a la perdición de las adicciones tempranas típicas de una depresión que se avecinaba con arrasar todo.
Se preguntaba una y mil veces que hizo mal, si dio hasta su última gota de felicidad.
Como podía explicarles a sus niños. Si ella que fue abandonada con quién juro amor eterno. ¿Donde quedaría su firmeza de mujer de hierro? Si después de esto ya no quedaba más nada más por rearmar y por luchar.
Se moría y solo dos vidas dependían de ella, solo dos vidas, eternas vidas que no comprendían y su vez entendían todo.
¿Cómo podría seguir? ¿Cómo levantarse todos los días e ir a trabajar? y al llegar ver su rostro con pelos castaños y ojos verdes.
¿Seguir? Se preguntaba a cada minuto que transcurrían. Quién iba estar esperándola con la cena lista. Con pequeños detalles de amor, como una rosa al costado de un platillo especial que ella tanto amaba.
Como volverse a despertar sin sentir sus abrazos, sus respuestas positivas a su neurótica forman de ver la vida.
El invierno se avecinaba de manera brusca en la vida de una madre abandonada. Con millones de sueños por cumplir, pero sin esperanzas de hacerlas realidad. Fue asesinada en plena vida, abandonada en las vías de una estación vieja.
Abandonarla con el fin de matarla en su propia vida.
Solo comprendía el hecho de seguir por sus pequeños. Dee levantarse por ellos, trabajar por ellos.
Solo podía luchar por sus sonrisas. Porque el amor de madre es inmenso, aunque la muerte podía ser su escapatoria.
Decidida, pero muerta. Se levanta de la cama matrimonial. Viste a sus dos pequeños que estaban con pañales sucios. Los pone al frente del televisor, besa cada una de sus mejillas.
Sirve una copa de vino. Toma un sorbo largo. Mientras en su mente corrían los recuerdos como imágenes de una película antigua. Camina hacía el baño de paredes blancas. Se mira en el espejo.
Sus ojos gritaban, mientras sus piernas temblaban de miedo a lo nuevo que la vida le impuso. Escuchaba desde allí el ruido del canal infantil que tanto amaban sus hijos y comprendió.
Que toda su vida estaba amando a un ser que fue capaz de prometer amor eterno e irse, si dar una explicación.
Había abandonado hasta sus propios y deseados sueños por él. Quizás hasta dejo de ser esa mujer que soñó en su infancia.
Ella sabía, tenía la certeza que una vez casados el primer año iba ser una relación de amor. Donde el sexo iba ser el desencadenante de muchas nuevas emociones. Que al segundo no lo iban hacer con tanta frecuencia, pero iba amar despertar, ver su rostro y darse cuenta que estaba decidida amarlo hasta el fín de los tiempos, que al cuarto iba estar más que lista para ver como su marido empezaba a desear a otras mujeres estando con ella.
Estaba lista aceptar todo el calvario que una mujer puede sentir cuando se empiezan a desgastar los zapatos de la relación, pero de eso se trataba él amor, decía en los libros. A pesar que dejo de ser ella por completo, estaba segura que el amor iba perdurar.
Pero se fue y solo dejo...
Miserias a las cuales iba recordar durante toda su vida, hasta que las arrugas mataran esa joven vital que llevaba adentro.
Llantos sin explicaciones en las noches durante años.
Fuerza inhumana para vivir, trabajar, desvivirse por esas dos almas que fueron confiadas en un padre y los abandonos.
Solo quedaban ellos, era mucho, era el mejor tesoro.
Pero nunca más iba a volverse a enamorar y solo se encargo sin razón alguna de quebrar un corazón lleno de amor.
Se encargo de matar a otra mujer más, se encargo de armar a otra para sus hijos.
Simplemente se encargo de romper en muchos pedazos un corazón que le pertenecía entero a él.
Ella nunca entenderá, no comprenderá su opción de partir sin dejar un explicación, dejarla sola con sus hijitos.
Nunca volverá entender a un hombre.
Simplemente juro amar a sus hijos, simplemente dejo de ser ella.
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