Un cálida bienvenida a la brisa acompañadora.
Junto con escabullidos sudores fríos.
Los colores se van apagando desde el primer día.
Se vuelven como una escala de colores, del mas fuerte, al más tibio. Del más claro al más oscuro.
Se siente la nostalgia de paginas pasadas, llenas de euforias, corridas y fiestas.
Los ojos se van agrietando cada vez más. Las manos se vuelven enemigas del cuerpo,
Los amigos poco a poco van encerrándose en sus mundos paralelos.
Y tu de a poco sientes como nadie sale a las veredas de tu pueblo.
Dejas de ver caras nuevas de turistas que pisaron una vez tu tierra y se alejaran para volver o quizás para desaparecer. Vuelves a la rutina de ver las mismas caras de siempre, de caminar por las mismas calles, de escuchar tu mismo repertorio de música. Observando como van cambiando las cosas, dependiendo de ella para subsistir. Te paras y...
Ves las hojas caer, sabiendo que se avecina un frío invierno dentro de unos meses. Un escalofríos azota tu espalda delgada y blanca. Sabes que serán grises como años anteriores.-
Prestas atención en los largos montés de tu alrededor. Las hojas cierran un ciclo. El ciclo de la vitalidad. Para encerrarse en la nostalgia de un otoño.
Te sorprendes al ver con tanta claridad el mundo que te rodea. Antes estabas tan dormido en tu mundo que no podías disfrutar un otoño, sin llamar a la depresión.
Te sorprendes a ver las calles llenas de hojas amarillas. Junto con los coches al costado del cordón.
Aquellos arboles que te vieron ir y venir, cada vez más viejos y quebrado.
Y vos, tan entero y tan marchito.
De pronto dejas de hacer muchas cosas que hacías y empiezan apagarse tus motores y tus sentidos.
Se despierta uno, Él mismo que nos da miedo. Él mismo que nos logra tumbar. Si, el mismo que muchas veces puso en riesgo nuestras vidas.
De eso se trata. Y así lo veo.
4 estaciones para los humanos. Como las que pasan una vez en la vida. Pero continuas.
Una para despertar la felicidad hasta gastarla, un verano, lleno de emociones. Otra como el otoño para aquellas nostalgias y amores del verano que serán recordadas. Otra. Para despertar los lamentos de un alma congelada que se debate entre la delgada luz y la vida. El invierno, de la mano de la depresión.
Al mismo cuando estamos a punto de morir del todo. La PRIMAVERA. La reserva de energía para el verano.
Un ciclo de colores que año a año nos debate entre la sabiduría de crecer y la supervivencia de afrontarlas.
Junto con escabullidos sudores fríos.
Los colores se van apagando desde el primer día.
Se vuelven como una escala de colores, del mas fuerte, al más tibio. Del más claro al más oscuro.
Se siente la nostalgia de paginas pasadas, llenas de euforias, corridas y fiestas.
Los ojos se van agrietando cada vez más. Las manos se vuelven enemigas del cuerpo,
Los amigos poco a poco van encerrándose en sus mundos paralelos.
Y tu de a poco sientes como nadie sale a las veredas de tu pueblo.
Dejas de ver caras nuevas de turistas que pisaron una vez tu tierra y se alejaran para volver o quizás para desaparecer. Vuelves a la rutina de ver las mismas caras de siempre, de caminar por las mismas calles, de escuchar tu mismo repertorio de música. Observando como van cambiando las cosas, dependiendo de ella para subsistir. Te paras y...
Ves las hojas caer, sabiendo que se avecina un frío invierno dentro de unos meses. Un escalofríos azota tu espalda delgada y blanca. Sabes que serán grises como años anteriores.-
Prestas atención en los largos montés de tu alrededor. Las hojas cierran un ciclo. El ciclo de la vitalidad. Para encerrarse en la nostalgia de un otoño.
Te sorprendes al ver con tanta claridad el mundo que te rodea. Antes estabas tan dormido en tu mundo que no podías disfrutar un otoño, sin llamar a la depresión.
Te sorprendes a ver las calles llenas de hojas amarillas. Junto con los coches al costado del cordón.
Aquellos arboles que te vieron ir y venir, cada vez más viejos y quebrado.
Y vos, tan entero y tan marchito.
De pronto dejas de hacer muchas cosas que hacías y empiezan apagarse tus motores y tus sentidos.
Se despierta uno, Él mismo que nos da miedo. Él mismo que nos logra tumbar. Si, el mismo que muchas veces puso en riesgo nuestras vidas.
De eso se trata. Y así lo veo.
4 estaciones para los humanos. Como las que pasan una vez en la vida. Pero continuas.
Una para despertar la felicidad hasta gastarla, un verano, lleno de emociones. Otra como el otoño para aquellas nostalgias y amores del verano que serán recordadas. Otra. Para despertar los lamentos de un alma congelada que se debate entre la delgada luz y la vida. El invierno, de la mano de la depresión.
Al mismo cuando estamos a punto de morir del todo. La PRIMAVERA. La reserva de energía para el verano.
Un ciclo de colores que año a año nos debate entre la sabiduría de crecer y la supervivencia de afrontarlas.
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