Llega en los momentos felices.
De esos momentos en donde las sonrisas parecen ser eternas. Puede ser un día festivo, un cumpleaños y almuerzos en familia.
Las sonrisas llaman a los demonios, de aquellos que lamentan la felicidad y gozan la libertad de una felicidad corta.
Comienza como una espina. Un mensaje. La negación.
Las sonrisas comienzan por convertirse en lagrimas asomándose a los ojos.
Caímos en el comienzo.
Una bofetada del destino, una bofetada que duele, una bofetada de la muerte.
Se rompen las copas internas, los estantes de la conciencia rebosan y caen.
Tus piernas se debilitan. Un suicidio asomando a tu puerta.
Lloras.
Un silencio en las imágenes visuales. Crees no estar viendo como se desgarra en llanos llantos el amor de tu vida.
Sospechas. Un silencio. Mucha confusión.
Una vida menos, un dolor que sanar.
Las lágrimas parecen eternas y el pecho se te cierra de solo ver, como sufren. Te espantas mientras los platos rotos se derraman sobre el suelo blanco.
En el medio sientes que tu corazón debe ser fuerte para afrontar a un alma en pena. Pero estamos preparados para todo, menos para la muerte y sus ausencias.
Tomas todas tus agallas para ver sufrir. Tomas todas las pastillas para poder afrontar. Tienes miedo.
Pero sabes que llega y si llega arrebata a todo lo que tiene en píe.
Arruina tus planes felices y cambia el color de vida que intentabas rearmar.
Te secundes en un mar de lágrimas sin entender porque lo hizo.
Buscas justificativos, buscas mensajes y nada.
Lloras, te desplomas en tus sabanas blancas llenas de colores y lagrimas.
Preparas tus colores negros para asistir al peor infierno.
Al infierno de vivir, intentando comprender porque lo hizo.
El mismísimo dolor en el infierno de lo terrenal.
Ni siquiera sabes cómo volver a tu rutina.
Si, esa ausencia te dejo inválida de sentir. Preparas las mañanas angustiosas con sonrisas dolorosas.
Mientras te cuestionas como lo hizo.
Así es la muerte.
Llega cuando menos lo esperas. Arrebata todo lo que tienes, ese paisaje se vuelve oscuro como el color de tu alma. Logras identificar el extremo del dolor del alma y la asfixia de los sentimientos, de no poder explicar ese dolor que abarca todo tus dramas.
Sientes que mueres, pero tienes que sobrevivir a ello como puedes.
Sobrellevarlo. Fue un suicidio inesperado como lo es todo en esta vida. Fue una vida menos en tu vida.
Fue un dolor que llevaras en lo profundo de tu alma llena de incógnitas de porque lo hiciste.
De esos momentos en donde las sonrisas parecen ser eternas. Puede ser un día festivo, un cumpleaños y almuerzos en familia.
Las sonrisas llaman a los demonios, de aquellos que lamentan la felicidad y gozan la libertad de una felicidad corta.
Comienza como una espina. Un mensaje. La negación.
Las sonrisas comienzan por convertirse en lagrimas asomándose a los ojos.
Caímos en el comienzo.
Una bofetada del destino, una bofetada que duele, una bofetada de la muerte.
Se rompen las copas internas, los estantes de la conciencia rebosan y caen.
Tus piernas se debilitan. Un suicidio asomando a tu puerta.
Lloras.
Un silencio en las imágenes visuales. Crees no estar viendo como se desgarra en llanos llantos el amor de tu vida.
Sospechas. Un silencio. Mucha confusión.
Una vida menos, un dolor que sanar.
Las lágrimas parecen eternas y el pecho se te cierra de solo ver, como sufren. Te espantas mientras los platos rotos se derraman sobre el suelo blanco.
En el medio sientes que tu corazón debe ser fuerte para afrontar a un alma en pena. Pero estamos preparados para todo, menos para la muerte y sus ausencias.
Tomas todas tus agallas para ver sufrir. Tomas todas las pastillas para poder afrontar. Tienes miedo.
Pero sabes que llega y si llega arrebata a todo lo que tiene en píe.
Arruina tus planes felices y cambia el color de vida que intentabas rearmar.
Te secundes en un mar de lágrimas sin entender porque lo hizo.
Buscas justificativos, buscas mensajes y nada.
Lloras, te desplomas en tus sabanas blancas llenas de colores y lagrimas.
Preparas tus colores negros para asistir al peor infierno.
Al infierno de vivir, intentando comprender porque lo hizo.
El mismísimo dolor en el infierno de lo terrenal.
Ni siquiera sabes cómo volver a tu rutina.
Si, esa ausencia te dejo inválida de sentir. Preparas las mañanas angustiosas con sonrisas dolorosas.
Mientras te cuestionas como lo hizo.
Así es la muerte.
Llega cuando menos lo esperas. Arrebata todo lo que tienes, ese paisaje se vuelve oscuro como el color de tu alma. Logras identificar el extremo del dolor del alma y la asfixia de los sentimientos, de no poder explicar ese dolor que abarca todo tus dramas.
Sientes que mueres, pero tienes que sobrevivir a ello como puedes.
Sobrellevarlo. Fue un suicidio inesperado como lo es todo en esta vida. Fue una vida menos en tu vida.
Fue un dolor que llevaras en lo profundo de tu alma llena de incógnitas de porque lo hiciste.
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