Deje llevarme en las noches de desvelos.
Caí rendido ante tus parlotearías absurdas de lo que era para ti el amor.
No era el momento, pero aun así te llene de mágicas caricias de amor.
Sostenía la idea de ser feliz sabiendo que no eras para mí.
Sabiendo que dentro de ti no había más que rencor hacía la patética vida que tenías.
Aun así entregue mi cuerpo al mejor postor de la promiscuidad.
Enferme mi corazón roto. Pero sano. De odio.
Aun así recorría tu cuerpo como nadie lo había hecho hasta entonces.
Tomé un sorbo del dolor cuando tu primer traición me arrebato las esperanzas de ser feliz.
Me volví adicto a especular, como quién se vuelve consumista de alguna droga.
Aún así amarre mis brazos a tu espalda blanca. Sabiendo que no merecías.
Quizá no viste quién era.
Quizás también confundiste mi cara de niño bueno, para jugarme en contra.
Puedo decirte tantas cosas y sé que estoy en lo cierto.
Pero aún así te bese como si fuera nuestro último día.
Sostuve mis metas, aunque todas te las había dado a vos.
Vino la segunda traición de tu moral.
Caí rendido ante la idea de ver como mi mundo se tornaba contigo una miseria pobre.
Aún así supe que necesitabas amor, mientras perdía amor propio.
Nunca entendí y nunca más lo voy hacer.
Eres capaz de armar un paraíso con tus manos y destruirlos con tu necesidad de arruinarlo todo.
Tuve mis esperanzas en el amor que sentía y ahora están exterminadas por cómo me jugaste en contra.
Solo quiero jugar un tiempo a que todo me da igual.
Y responder tu pregunta. Todo es tiempo no todas las cosas me daban igual.
Pero eres tan incapaz de reaccionar que simplemente impulsivamente me lastimas.
Pero ahora los aun se volvieron espinas y el largo del camino del olvido.
Lo vivo todos los días.
Desarraigando mi corazón de tus garras depredadoras.
Ocultando mi infelicidad con sonrisas falsas.
Y llenándome de nuevo de mis sueños que te encargaste de romperlos por haberme lastimado.
Comentarios
Publicar un comentario