¿Pude haber estado tanto tiempo muerto?
Nos aferramos tanto a un círculo vicioso como las agujas del reloj compitiendo para llegar a la otra.
Me aferre a los demonios de una enfermiza situación.
Detote bombas en mi soledad, para pagar las cuotas de pasos herrados de mis amores pasados.
Estaba perdiendo el valor de ver las pequeñas cosas que me brindaba la vida a cada segundo.
Una simple sonrisa, un anochecer estrellado, como los rayos de una tormenta.
A cada día perdía el valor de poder mirar al cielo y sentirme libre, sin sentirme atado.
Trataba de ocultar mi tristeza en pequeñas sonrisas.
Y mi dolor era tan profundo como el océano, y tan pequeño en la superficie.
Por vos, había dejado de apreciar lo que me rodeaba.
Había dejado de amarme.
Me había perdido.
No puedo explicar en palabras lo liberador que se siente poder mirar al cielo sin sentirme presionado a resistir tus mentiras.
Han pasado semanas desde que no sé nada de ti.
Simplemente puedo imaginar cómo te regalas por placer y como vendes tu cuerpo.
No has llegado ni siquiera ser una persona.
Las personas tenemos sentimientos.
Nos amamos en los momentos buenos y malos.
Somos felices con pequeñas cosas y amamos los logros de los demás.
¿Y vos?
Ni siquiera tenías sentimientos sanos hacía vos mismo.
Eras una especie de parasito que se pega en las personas para quitar lo bueno que tienen cada una de ellas.
Desprecias la felicidad de otros.
Porque tu realidad tan carente y empobrecida genera como una locomotora, envidia en los otros.
Y yo como guerrero quise curar un alma oscura, llena de pensamientos perversos.
Resistí hasta el golpe.
Vi como podías desenfrenar tu ira en apenas segundos.
Copiando como fotocopia lo bueno de las personas, para evitar dejar en evidencia lo burdo, y malvado que eres.
Pude jurar a la vida que amé. Pero amé con lo que hice por ti.
Haber renunciado tanto, ame lo que fui. Te seré inolvidable.
¿Y para mí? Serás una simple lección de tan estúpido que puede ser el hombre.
Quite todo de mi mente para llenarme de vitalidad.
Aunque las fuerzas escasean aquí.
Puedo llenar este corazón de buenos momentos.
¿Y vos?
¿Podrás llenarlos de qué?
¿De una familia que no te registra?
¿De una madre que solo proyecta su inutilidad en vos?
¿O peor de ver como un pequeño al que amas se convierte en tu peor pesadilla?
O mejor vas a ver mi cara en cada cama que te acuestes.
Simplemente no soy fácil de olvidar.
¿Pero vos?
Parasito, asesino de sueños. Eres un remplazo. Una lección. Una burda imagen copiada de todas las personas que cruzaran en tu vida.
Eres maldad y yo paz.
Eres guerra y yo el pañuelo blanco.
Eres enfermedad y yo cura.
Eres tempestad y yo vitalidad.
Eres el parasito que avecina a las personas buenas.
Divirtiéndote y queriendo demostrar lo que NUNCA LLEGARAS A SENTIR.
AMOR.
Y qué pena me da dejarte solo. Pero más pena me da ver que no tienes amor.
No sabrás de ello.
Solo sabrás de todo lo malo que has hecho en mi y en los demás.
Esta carta con destinatario es la finalización de un duelo y el desagrado que tengo hacía un ser tan repugnante y básico como vos.
Aquí me despido con mi amor, mi vitalidad y mi vida llena de tesoros.
Te dejo allí para que tu infierno te consuma pedazo de nada.
Nos aferramos tanto a un círculo vicioso como las agujas del reloj compitiendo para llegar a la otra.
Me aferre a los demonios de una enfermiza situación.
Detote bombas en mi soledad, para pagar las cuotas de pasos herrados de mis amores pasados.
Estaba perdiendo el valor de ver las pequeñas cosas que me brindaba la vida a cada segundo.
Una simple sonrisa, un anochecer estrellado, como los rayos de una tormenta.
A cada día perdía el valor de poder mirar al cielo y sentirme libre, sin sentirme atado.
Trataba de ocultar mi tristeza en pequeñas sonrisas.
Y mi dolor era tan profundo como el océano, y tan pequeño en la superficie.
Por vos, había dejado de apreciar lo que me rodeaba.
Había dejado de amarme.
Me había perdido.
No puedo explicar en palabras lo liberador que se siente poder mirar al cielo sin sentirme presionado a resistir tus mentiras.
Han pasado semanas desde que no sé nada de ti.
Simplemente puedo imaginar cómo te regalas por placer y como vendes tu cuerpo.
No has llegado ni siquiera ser una persona.
Las personas tenemos sentimientos.
Nos amamos en los momentos buenos y malos.
Somos felices con pequeñas cosas y amamos los logros de los demás.
¿Y vos?
Ni siquiera tenías sentimientos sanos hacía vos mismo.
Eras una especie de parasito que se pega en las personas para quitar lo bueno que tienen cada una de ellas.
Desprecias la felicidad de otros.
Porque tu realidad tan carente y empobrecida genera como una locomotora, envidia en los otros.
Y yo como guerrero quise curar un alma oscura, llena de pensamientos perversos.
Resistí hasta el golpe.
Vi como podías desenfrenar tu ira en apenas segundos.
Copiando como fotocopia lo bueno de las personas, para evitar dejar en evidencia lo burdo, y malvado que eres.
Pude jurar a la vida que amé. Pero amé con lo que hice por ti.
Haber renunciado tanto, ame lo que fui. Te seré inolvidable.
¿Y para mí? Serás una simple lección de tan estúpido que puede ser el hombre.
Quite todo de mi mente para llenarme de vitalidad.
Aunque las fuerzas escasean aquí.
Puedo llenar este corazón de buenos momentos.
¿Y vos?
¿Podrás llenarlos de qué?
¿De una familia que no te registra?
¿De una madre que solo proyecta su inutilidad en vos?
¿O peor de ver como un pequeño al que amas se convierte en tu peor pesadilla?
O mejor vas a ver mi cara en cada cama que te acuestes.
Simplemente no soy fácil de olvidar.
¿Pero vos?
Parasito, asesino de sueños. Eres un remplazo. Una lección. Una burda imagen copiada de todas las personas que cruzaran en tu vida.
Eres maldad y yo paz.
Eres guerra y yo el pañuelo blanco.
Eres enfermedad y yo cura.
Eres tempestad y yo vitalidad.
Eres el parasito que avecina a las personas buenas.
Divirtiéndote y queriendo demostrar lo que NUNCA LLEGARAS A SENTIR.
AMOR.
Y qué pena me da dejarte solo. Pero más pena me da ver que no tienes amor.
No sabrás de ello.
Solo sabrás de todo lo malo que has hecho en mi y en los demás.
Esta carta con destinatario es la finalización de un duelo y el desagrado que tengo hacía un ser tan repugnante y básico como vos.
Aquí me despido con mi amor, mi vitalidad y mi vida llena de tesoros.
Te dejo allí para que tu infierno te consuma pedazo de nada.
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