No puedo jurar cuantas veces por ti llore.
Ni asimilar las noches en donde la esperanza de recibir un mensaje tuyo, me mato.
Al pasar los días, la esperanza era un juego perverso, de subidas y bajadas.
Las calles abandonadas, las luces de la ciudad eran el reflejo de mi desilusión.
Tú ni siquiera te imaginas, como el alcohol quemaba por dentro.
Y las lágrimas tirada en el sofá, abrazaban mi soledad.
Los domingos parecían una eternidad en veinte cuatro horas.
Tirada en la cama, viendo la vida pasar.
Tuve que acostumbrarme a convivir con mi dolor.
Los meses que no supe de ti.
Ni siquiera fuiste capaz de ponerte en mi lugar, y dejar de verme como la niña fuerte. Fue allí que descubrí lo frágil que soy.
Han pasado meses en donde pude acostarme con cinco personas diferentes. Sin siquiera tolerar que me tocaran. Estaba ebria, no sabía lo que hacía.
La droga, era un desayuno y un almuerzo.
¿Como el amor nos construye y nos puede destruir con tan solo un acto?
Te mire en el espejo, mientras tú cepillabas los dientes.
Y yo en la bañadera, mientras el agua caía en mi cuerpo.
Jamás creí verme involucrada en semejante acto suicida y extrañar, las cosas tontas, los recuerdos que parecían pequeños.
Confié ciegamente en tus palabras y tus promesas, que tiempo después, fueron motivo de mis insomnios.
Las risas en las mañanas, los abrazos en los acasos, y los besos en las noches.
¿Imagina un cielo sin color o simplemente una noche sin estrellas?
Las pequeñas cosas, ya no serían bonitas.
El motivo de vivir se había disipado, la vitalidad en mi mirada había muerto.
El barniz de aquella madera, había acabado con mis ganas de seguir con la vida que habíamos construidos juntos. Lo pensé, pero no valías tanto.
Pocos años después perdí mi empleo, mis amigas.
El mundo se había acabado y no entiendes que tu ausencia acribillo con mi presencia.
Han pasado diez años. Diez años y tú sabes, no creó en las casualidades.
Te atreves a venir arruinar el único día en donde puedo vestirme de seda, con la persona que no amo.
Tú sabes bien y vienes a buscar el corazón que has matado.
Vienes aquí te plantas en la habitación del hotel, mientras planeo casarme.
Recorrer el mundo. ¿Recuerdas cuando soñábamos con recorrer el mundo?
Era parte de nuestro infinito, prometer pequeñas cosas, que quizá no íbamos a poder cumplir.
Traicione cada uno de mis sueños, he perdido a muchas personas, me he perdido a mí.
Eres egoísta, y todo lo que sucede en tu vida, es por tu propia responsabilidad.
No quieras rescatar, a un cadáver.
Que sobrevivo a que te fueras sin decirme un adiós.
Hoy, me caso. Dices que no ves el brillo en mis ojos.
Se seco con la última esperanza de que volvieras.
Déjame ser feliz y vivir los años que me has quitado por tu relevancia de seguir tus sueños, sin los míos.
Vete por donde viniste.
Intentare amar, ser fiel a mis principios. Y aferrarme que un hombre con agallas me saco del infierno en llamas que dejaste ese 10 de diciembre, hace diez malditos años. Bastardo.
Ni asimilar las noches en donde la esperanza de recibir un mensaje tuyo, me mato.
Al pasar los días, la esperanza era un juego perverso, de subidas y bajadas.
Las calles abandonadas, las luces de la ciudad eran el reflejo de mi desilusión.
Tú ni siquiera te imaginas, como el alcohol quemaba por dentro.
Y las lágrimas tirada en el sofá, abrazaban mi soledad.
Los domingos parecían una eternidad en veinte cuatro horas.
Tirada en la cama, viendo la vida pasar.
Tuve que acostumbrarme a convivir con mi dolor.
Los meses que no supe de ti.
Ni siquiera fuiste capaz de ponerte en mi lugar, y dejar de verme como la niña fuerte. Fue allí que descubrí lo frágil que soy.
Han pasado meses en donde pude acostarme con cinco personas diferentes. Sin siquiera tolerar que me tocaran. Estaba ebria, no sabía lo que hacía.
La droga, era un desayuno y un almuerzo.
¿Como el amor nos construye y nos puede destruir con tan solo un acto?
Te mire en el espejo, mientras tú cepillabas los dientes.
Y yo en la bañadera, mientras el agua caía en mi cuerpo.
Jamás creí verme involucrada en semejante acto suicida y extrañar, las cosas tontas, los recuerdos que parecían pequeños.
Confié ciegamente en tus palabras y tus promesas, que tiempo después, fueron motivo de mis insomnios.
Las risas en las mañanas, los abrazos en los acasos, y los besos en las noches.
¿Imagina un cielo sin color o simplemente una noche sin estrellas?
Las pequeñas cosas, ya no serían bonitas.
El motivo de vivir se había disipado, la vitalidad en mi mirada había muerto.
El barniz de aquella madera, había acabado con mis ganas de seguir con la vida que habíamos construidos juntos. Lo pensé, pero no valías tanto.
Pocos años después perdí mi empleo, mis amigas.
El mundo se había acabado y no entiendes que tu ausencia acribillo con mi presencia.
Han pasado diez años. Diez años y tú sabes, no creó en las casualidades.
Te atreves a venir arruinar el único día en donde puedo vestirme de seda, con la persona que no amo.
Tú sabes bien y vienes a buscar el corazón que has matado.
Vienes aquí te plantas en la habitación del hotel, mientras planeo casarme.
Recorrer el mundo. ¿Recuerdas cuando soñábamos con recorrer el mundo?
Era parte de nuestro infinito, prometer pequeñas cosas, que quizá no íbamos a poder cumplir.
Traicione cada uno de mis sueños, he perdido a muchas personas, me he perdido a mí.
Eres egoísta, y todo lo que sucede en tu vida, es por tu propia responsabilidad.
No quieras rescatar, a un cadáver.
Que sobrevivo a que te fueras sin decirme un adiós.
Hoy, me caso. Dices que no ves el brillo en mis ojos.
Se seco con la última esperanza de que volvieras.
Déjame ser feliz y vivir los años que me has quitado por tu relevancia de seguir tus sueños, sin los míos.
Vete por donde viniste.
Intentare amar, ser fiel a mis principios. Y aferrarme que un hombre con agallas me saco del infierno en llamas que dejaste ese 10 de diciembre, hace diez malditos años. Bastardo.
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