¿Que fuimos?, ¿Que fuiste?, ¿Cuán importante eres?,¿ Cuántas veces me mataste?,¿Porque nunca has dicho te quiero después de habernos despedidos?.
No cabe lugar a respuestas en un sin fin de dudas.
Ha pasado un tiempo, y este cálido invierno, está recogiendo los frutos, de nuestras frustraciones.
No puedo aceptar que estás en la lejanía de mis recuerdos.
Aun vives allí, pero no me afecta. Ya no es negación. Es una afirmación dolorosa.
Somos una mancha de tinta china, imborrable y dañina.
Fuimos el agua y el aceite.
Llenamos nuestro zaguán de colores grises, con nuestros porta retratos.
Y florecemos de las penosas muertes de nuestras almas, y nuestra poca conciencia.
Fuimos demasiado, fuimos el pesado, en el. presente.
Por mucho tiempo intente callarme, intente evitar escuchar tu nombre.
Siento que el mundo me desconoce, que las personas se han perdido, se han ido con tu historia.
Machascaste mi alma y en ella, los recuerdos con las personas, que creía amar.
Y me aleje, pude ver la oscuridad apoderarse de mi cuerpo en tu partida.
Pude entender cuán dañino soy conmigo mismo.
Cerrar mi alma, en tiempos de cólera fue el agravio más desgarrador de tu adios.
Fue como buscar tus labios, en otras personas.
Tus manos en cuerpos ajenos.
Mientras mi alma te pertenecía.
Penetraban en mi mente situaciones que con certezas futuras, comprobé que no iban a suceder, que no ibas a volver por tu último adios.
Mis madrugadas enterradas en lágrimas, llevaron a la mezquindad del egoísmo de las personas que necesitaba.
Te habías llevado todo. Mis amigos, mis momentos, mis sonrisas.
Despertando vicios, que solo despertaba aquel veneno, que poco después moría.
La oscuridad y el soul se apoderaron de quien amabas.
Tu decías que mi soul, era sublime y prolijo.
Y en cada grito desgarrador, curaba mi alma lentamente.
La sangre de disipada.
Y los colores retomaban el despertar de mi realidad.
Habías matado mi alma. Aquella que en plena intoxicación de marihuana y pastillas, te decía que te amaba. Y tu no respondías.
La simplicidad de haberme asesinado.
Pero aquella vez moría, con sangres mia en tus manos.
Con cenizas a mi alrededor lágrimas en los ojos.
Para levantarme y luchar por aquello que habías matado.
Sacaste el veneno de mi alma, para levantarme y continuar, si un amor que sacará tu clavo.
Fui solo y desde allí puedo medir que fuiste para mí.
Donde estaré y tu no.
Lo que logré sin ti, por tu odio inaudito al mundo.
Nació mi amor por la vida.
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