Di por perdido.
El partido termino y yo partí.
No hay parte en donde no encuentre tus abrazos.
No hay noches en donde me escape de la monotonía para llegar
allí.
Miro las estrellas y ellas me ven.
La luna. Y la envidia, de que parte de ella es de nosotros.
Kilómetros nos
separan.
Las historias, se vuelven rutina y el desosiego de perdernos
se agranda.
¡No te alejes! Pude ver tu alma desesperada por un segundo.
Tus ojos mirándome con lágrimas en los ojos.
La desdicha de lo mal logrado.
De estar en tiempos equivocados.
Pare el mundo, para verte despertar una vez más.
Pero allí no estabas. Tu silueta desapareció.
Las paredes blancas de mi habitación me ahuyentaron.
Y entre lágrimas corrí, corrí, y todo se desprendía.
Las lágrimas caían y todo lo que no te dije, se disipaba a cada paso .
Te vi, en donde solíamos frecuentar muy a menudo.
Te vi allí, tan transparente y las luces se entrelazaban en
tus ojos oscuros.
Te tome de la mano con fuerza, hasta sentir el dolor en mis dedos.
Te mire.
Y no eras tú, era yo.
Todo era un sueño de otro color.
Y algo en mí murió.
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