Hace tiempo no padecía la soledad buena.
Aquella que me acompaña, cuando las cosas por algún o otro motivo se vuelven oscuras.
Viaje. Estuve con personas. Conocí otras y desconocí tantas.
Mi pequeña familia está cada vez mas compactada en aquello que fue, y aquello que pudimos haber sido si nos quedábamos.
Una parte de mi implora volver al pasado, aunque ya de nada sirva.
Otra más fuerte pero sin roces con la discordia, se adapta a lo nuevo.
Las cosas aquí en donde nada florece esta exactamente igual y me pregunto. Soy yo el que está mal?
El que no puede ver con claridad? O son las demás que todo el tiempo recurren a las culpas propias, para hacerlas ajenas?
No entiendo.
Recorrí un mes en donde recordé y añore momentos sin nostalgia. Sé que allí quedara todo lo que fui.
Pero hay cosas que el destino no puede explicar.
Hay peleas que jamás van a entender porque las protagonizas y están personas que amas con las entrañas.
Vine aquí, para buscar un futuro, volver donde me hundí, para florecer en otro lugar. Que irónico.
Esta persona nueva, no se sorprende del veneno que algunas personas ejercen, apenas puedo ver el mio con un ojo, porque debo ver la soledad de otras o la desesperanzas de aquellos que pudieron y no lo hicieron.
Estoy en esta misma habitación que me vio llorar por tantos amores.
La que me abrazo junto al gran amor de mi vida.
La que me vio estudiar para un examen.
Puedo verme con el pijama en el escritorio leyendo. En la cama leyendo un libro. En la ventana fumando un cigarro viendo las estrellas imaginando la tenue ausencia de mis seres queridos.
Juego con ir y volver al pasado, no podría poner en palabras lo bien que me hace verme en este presente solitario y dividido. Verme con el legado de la guerra tan entero y poco paciente ante todo.
Mi mente grita cambios, los consejos se toman y los días vuelan.
No lloro en el momento adecuado, lloro cuando lo imprevisto surge y la ansiedad me mata.
Mi negación de los problemas me llevaron a pelear con mis hermanas.
La exigencia de que el dolor se vaya, hizo que la desconozca.
Veo las cosas de otro tono, de otro color y aroma. No del triste, no de apagarla con alguna droga como ya lo hice.
Echo de menos tantos momentos, pero lo veo necesario.
Parte de crecer es quedarse un poco solo, un poco triste, un poco pleno.
Y aquellas personas que perduraron, quedaran marcadas para siempre.
Así como un día me fui, me iré de nuevo. Con menos personas en mi valija viajera y llena de historias para contar.
Estoy apenado por las rupturas familiares.
Por mi ser tan soberbio y amenazador, pero los nervios y la edad, los golpes. Hacen que las palabras duras vuelen justo donde duelen.
Me voy feliz, por verme bien, no bien, pero verme exactamente donde quiero estar.
Me llevo todo, para volver menos.
Y volver por aquellos, que estuvieron.
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