Me hubiese gustado que todo haya sido diferente.
Que los recorrido en tu coche blanco, hayan sido sonriendo.
Que las cenas a la luz de las estrellas hayan sido soñada.
Que las miradas sean nuestras y no de aquellos terceros.
Quiero tener un bello recuerdo de lo que fue.
Mirar hacía atrás y abrazar mi pasado, sin padecer heridas.
Las heridas las cierro como puedo, pero la tuya fue profunda en mi.
Quiero cerrar los ojos y dejar de soñar que te tengo.
Y que todo termine en lo inconcluso de las imágenes.
Ver los abrazos y los besos como una insignia de nuestras peleas.
No puedo soltar lo que nunca tuve.
Ni extrañar aquello irreal.
Puedo verme en discusiones estúpidas.
Hubiésemos sido todo, pero nos ahogo la idea de sernos fiel.
De respetarnos y armar una vida juntos.
Siento que el destino nos aposto todo, al fracasar.
Pero nos enseño, que no debemos apresurarnos.
Hoy los sueño, los veo tan reales que extraño.
Aquella desordenada habitación.
Mis valijas en medio del desastre de nuestra convivencia toxica.
La mirada de tu madre, viéndonos crecer.
Y la mirada de la mía viéndome ir.
Siendo participes de todo aquello que intentamos construir.
Siempre dije que fuimos mes a mes un castillo de naipes.
Destinado a la convivencia de envenenarnos de odio.
Fui importante, marque un antes y un después en tu forma burda de hacer las cosas.
Y marcaste a mi un síndrome de estocolmo, que viene y se va.
Como agobiante a punto de iniciar una vida.
Como si caminara para atrás, antes empezar.
Siento que cada día es un adiós, ante un sueño.
Un te extraño en silencio.
Un recuerdo compartido en diferentes realidades.
Y la lejanía a mares.
Siendo todo lo que no quisimos.
Pero aceptando, que aunque quisiéramos destruirnos mutuamente.
Nos amamos hasta el final.
Hasta el último golpe.
Que los recorrido en tu coche blanco, hayan sido sonriendo.
Que las cenas a la luz de las estrellas hayan sido soñada.
Que las miradas sean nuestras y no de aquellos terceros.
Quiero tener un bello recuerdo de lo que fue.
Mirar hacía atrás y abrazar mi pasado, sin padecer heridas.
Las heridas las cierro como puedo, pero la tuya fue profunda en mi.
Quiero cerrar los ojos y dejar de soñar que te tengo.
Y que todo termine en lo inconcluso de las imágenes.
Ver los abrazos y los besos como una insignia de nuestras peleas.
No puedo soltar lo que nunca tuve.
Ni extrañar aquello irreal.
Puedo verme en discusiones estúpidas.
Hubiésemos sido todo, pero nos ahogo la idea de sernos fiel.
De respetarnos y armar una vida juntos.
Siento que el destino nos aposto todo, al fracasar.
Pero nos enseño, que no debemos apresurarnos.
Hoy los sueño, los veo tan reales que extraño.
Aquella desordenada habitación.
Mis valijas en medio del desastre de nuestra convivencia toxica.
La mirada de tu madre, viéndonos crecer.
Y la mirada de la mía viéndome ir.
Siendo participes de todo aquello que intentamos construir.
Siempre dije que fuimos mes a mes un castillo de naipes.
Destinado a la convivencia de envenenarnos de odio.
Fui importante, marque un antes y un después en tu forma burda de hacer las cosas.
Y marcaste a mi un síndrome de estocolmo, que viene y se va.
Como agobiante a punto de iniciar una vida.
Como si caminara para atrás, antes empezar.
Siento que cada día es un adiós, ante un sueño.
Un te extraño en silencio.
Un recuerdo compartido en diferentes realidades.
Y la lejanía a mares.
Siendo todo lo que no quisimos.
Pero aceptando, que aunque quisiéramos destruirnos mutuamente.
Nos amamos hasta el final.
Hasta el último golpe.
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