Hay silencios que duelen.
Hay llanuras que se quebrantan.
Hay utopías sin beneficios algunos.
Hay críticas que no duelen.
Hay dolores que no duelen.
Hay vacios, que llenan.
Es angustiante crecer, valorar sentidos que estaban dormidos.
Mecanizar la rutina como robots que intentan llegar a un lugar.
Sentir el aroma de vejez incrementar y apagar tu llama de dudas.
Las puertas se abren y se cierran en casa.
Puedo sentir como algunas pequeñas cosas insignificantes mueren.
Las personas que llegan y se van y a fin de cuentas estar solos.
Esa pequeña amargura revestida en ojeras.
Los colectivos correr carreras y siempre las mismas caras de desesperación.
Sin preguntarnos porque tanto esfuerzo.
Solo nosotros sabemos que se siente quebrar sin estar rotos para caminar.
Solo nosotros podemos ahogar nuestro vacio llenándolo de tareas.
Un día siento que voy a detenerme y explotar, puedo sentirme dinamita a cada día.
Puedo apreciar lo divido que estamos de todos.
Lo solo que podemos llegar a estar y las relaciones abstractas que logramos armar.
Las personas no se preocupan si no te aman.
No te ven, solo te escuchan cuando es necesario.
El egoísmo se hace grande en la soledad, no queremos escuchar, ni tampoco que nos escuchen quejar.
En estos momentos estoy creciendo, pero no son hojas hacia al oxigeno.
Si no raíces hacía abajo, hacía mi sustentabilidad, hasta envejecer.
Cada vez más aprecio las presencias.
Y cada vez más me lleno de dudas de donde estoy y hacía donde quiero llegar.
Solo estoy seguro de cual es mi camino, pero tengo miedo de perder.
Y el miedo es parte de nosotros.
Pero las ausencias están matándome.
Hay llanuras que se quebrantan.
Hay utopías sin beneficios algunos.
Hay críticas que no duelen.
Hay dolores que no duelen.
Hay vacios, que llenan.
Es angustiante crecer, valorar sentidos que estaban dormidos.
Mecanizar la rutina como robots que intentan llegar a un lugar.
Sentir el aroma de vejez incrementar y apagar tu llama de dudas.
Las puertas se abren y se cierran en casa.
Puedo sentir como algunas pequeñas cosas insignificantes mueren.
Las personas que llegan y se van y a fin de cuentas estar solos.
Esa pequeña amargura revestida en ojeras.
Los colectivos correr carreras y siempre las mismas caras de desesperación.
Sin preguntarnos porque tanto esfuerzo.
Solo nosotros sabemos que se siente quebrar sin estar rotos para caminar.
Solo nosotros podemos ahogar nuestro vacio llenándolo de tareas.
Un día siento que voy a detenerme y explotar, puedo sentirme dinamita a cada día.
Puedo apreciar lo divido que estamos de todos.
Lo solo que podemos llegar a estar y las relaciones abstractas que logramos armar.
Las personas no se preocupan si no te aman.
No te ven, solo te escuchan cuando es necesario.
El egoísmo se hace grande en la soledad, no queremos escuchar, ni tampoco que nos escuchen quejar.
En estos momentos estoy creciendo, pero no son hojas hacia al oxigeno.
Si no raíces hacía abajo, hacía mi sustentabilidad, hasta envejecer.
Cada vez más aprecio las presencias.
Y cada vez más me lleno de dudas de donde estoy y hacía donde quiero llegar.
Solo estoy seguro de cual es mi camino, pero tengo miedo de perder.
Y el miedo es parte de nosotros.
Pero las ausencias están matándome.
Comentarios
Publicar un comentario