Los caminos se unen y cierran en el tono sepia que abraza la ciudad.
Sus calles oscuras caminadas por miles.
Las mentes que se mezclan en el aire, en las noches de olvidos en las noches que queremos desconectar.
Puedo sentir la briza cortar mis brazos y el silencio entorpecer mis oídos.
Siento las sombras correr a la misma velocidad que sus temores, sus miedos, sus frustraciones.
Las sincronías de las almas desesperadas.
Todo desaparece en cada paso, todo se borra en cada pestañeo.
El sabor amargo de crecer.
Lo opaco de la soledad.
Y su aroma a libertad.
Como si nada pasara caminas hacía aquello.
Corres, no vives, cruzas océanos enteros por llegar.
Pasitos sincronizados, horarios disparatados.
Piernas cansadas que desbaratan tu inseguridad.
Y a lo lejos la fotografía vieja de los que quedan.
Y adentro, el encuentro entre lo que quieres ser y la lucha.
-Hay pequeños lapsos de mi día, en donde el silencio de la casa me abraza, mientras intento callar mis dudas y llenarme de información, me distraigo y vuelo en los que ya no están, y en aquellos que no se van, en estos momentos es inevitable no pensar en ellos, en lo que perdí, en lo que se fue, a quién lastime y a quién valore. Este último tiempo fueron como una batalla campal, aun intento acostumbrarme a estar conmigo todo el tiempo. Cocinarme, dormir, estudiar, e ir por las calles de estas grandes ciudades solos, como si no pudiera pasar nada, tengo toda la responsabilidad de cuidarme en las noches y en los días, en las tristezas y ahora en las enfermedades, y se, que sin explicación no soy el único, la soledad es tan dulce, tan agria, pero necesaria.
Prometo no fallar, creo que es mi única convicción y ahora lo sumo el no rendirme aunque me duela hasta los huesos la realidad.
Sus calles oscuras caminadas por miles.
Las mentes que se mezclan en el aire, en las noches de olvidos en las noches que queremos desconectar.
Puedo sentir la briza cortar mis brazos y el silencio entorpecer mis oídos.
Siento las sombras correr a la misma velocidad que sus temores, sus miedos, sus frustraciones.
Las sincronías de las almas desesperadas.
Todo desaparece en cada paso, todo se borra en cada pestañeo.
El sabor amargo de crecer.
Lo opaco de la soledad.
Y su aroma a libertad.
Como si nada pasara caminas hacía aquello.
Corres, no vives, cruzas océanos enteros por llegar.
Pasitos sincronizados, horarios disparatados.
Piernas cansadas que desbaratan tu inseguridad.
Y a lo lejos la fotografía vieja de los que quedan.
Y adentro, el encuentro entre lo que quieres ser y la lucha.
-Hay pequeños lapsos de mi día, en donde el silencio de la casa me abraza, mientras intento callar mis dudas y llenarme de información, me distraigo y vuelo en los que ya no están, y en aquellos que no se van, en estos momentos es inevitable no pensar en ellos, en lo que perdí, en lo que se fue, a quién lastime y a quién valore. Este último tiempo fueron como una batalla campal, aun intento acostumbrarme a estar conmigo todo el tiempo. Cocinarme, dormir, estudiar, e ir por las calles de estas grandes ciudades solos, como si no pudiera pasar nada, tengo toda la responsabilidad de cuidarme en las noches y en los días, en las tristezas y ahora en las enfermedades, y se, que sin explicación no soy el único, la soledad es tan dulce, tan agria, pero necesaria.
Prometo no fallar, creo que es mi única convicción y ahora lo sumo el no rendirme aunque me duela hasta los huesos la realidad.
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