-La suma total de los miedos.
Es el resultado final de crecer-
Muchas veces me alimente del miedo.
Del que viene y te opaca, te apaga los sentidos y te ciega.
La calesita suele vestir un hermoso y brillante esplendor, un cáliz de juventud que implora crecer.
Siempre estuve en la calesita azul de la costanera, siempre daba vueltas sobre el mismo círculo, planeando caminos, armando castillitos de naipes, en base mi ingenua creencia de que todo era paradojamente fácil.
La calesita azul, puede tener matices y franjas dificiles que de mi infancia que poco recuerdo. Pero es el fuego que vivio en mi interior por mucho tiempo, junto con el deseo de crecer y ser "Grande".
Hasta el fatídico día donde una extraña sensación de vacio existencial golpeo mi puerta y la calesita se convirtió en un camino pulcro, recto y lleno de baches y personas heridas al borde la muerte. Estuve allí tanto tiempo, entre adicciones y trastornos alimenticios. En medio de la agonía, del camino pulcro y recto, esta vez quería ser "alguien", llegar lejos y como todo ser humano "Triunfar en la vida" Dicho camino me saco tantas lagrimas, junto con tantas personas que aprendí a convivir con lo básico, con lo "todo" que no es nada.
Planee tanto mi futuro hasta que al tercer día. La adultez golpeo mi cabeza de una manera tan directa que todo lo que creía esencial se convirtió en una especie de necesidad que no la podía cubrir con la cuota mensual de la edad. Entre amores libres y fracasos fuertes, estaba siendo lo que quise ser en la calesita azul de la costanera, pero un poco cambiado a mis sueños, tan distinto como lo imagine, que fue un pinchazo leve en el corazón. Ya no estaba en el camino recto, ni mucho menos en la calesita.
Estaba en el colectivo de la línea directa interprovincial, que me llevaba a mi departamento del barrio antiguo de la ciudad. Pesado pero un poco feliz, como si toda la imaginación era una mera fantasía que no iba ocurrir, de algo tan alcanzable como inalcanzable, que nos vendió algún programa barato de Disney.
Era adulto, todo lo que había deseado por años, lo era. Cuasi independiente, solitario como dije muchas veces, inteligente en conocimientos y llenos de miedo.
Llegue a la conclusión que mientras las ojeras y las arrugas llegan, tenemos más miedos, que seguridad.
Miedo a seguir luchando y no llegar a donde nuevamente nos planeamo.
Miedo a que un día muera un ser querido y darnos cuenta que no estuvimos por años por concretar esa idea nefasta de ser "alguien"
Miedo a que tus amigos de años se olviden de vos.
Miedos y mas miedos, miedo a fallar a encontrar la depresión a vuelta y no tener escapatoria.
Entonces, el miedo es parte de todo esto y siempre lo fue.
Y el miedo es el que nos hace llegar a lo indispensable.
Por el miedo tenemos coraje, tenemos ganas, y nos levantamos un día de lluvia para ir a la universidad o al trabajo.
Estamos hechos de miedo, de miedos buenos, miedos malos, pero al fin al cabo tenemos que ser fuertes para lidiarlo y hacerlo bueno.
En buscar el equilibrio para no desbarrancar.
Es el resultado final de crecer-
Muchas veces me alimente del miedo.
Del que viene y te opaca, te apaga los sentidos y te ciega.
La calesita suele vestir un hermoso y brillante esplendor, un cáliz de juventud que implora crecer.
Siempre estuve en la calesita azul de la costanera, siempre daba vueltas sobre el mismo círculo, planeando caminos, armando castillitos de naipes, en base mi ingenua creencia de que todo era paradojamente fácil.
La calesita azul, puede tener matices y franjas dificiles que de mi infancia que poco recuerdo. Pero es el fuego que vivio en mi interior por mucho tiempo, junto con el deseo de crecer y ser "Grande".
Hasta el fatídico día donde una extraña sensación de vacio existencial golpeo mi puerta y la calesita se convirtió en un camino pulcro, recto y lleno de baches y personas heridas al borde la muerte. Estuve allí tanto tiempo, entre adicciones y trastornos alimenticios. En medio de la agonía, del camino pulcro y recto, esta vez quería ser "alguien", llegar lejos y como todo ser humano "Triunfar en la vida" Dicho camino me saco tantas lagrimas, junto con tantas personas que aprendí a convivir con lo básico, con lo "todo" que no es nada.
Planee tanto mi futuro hasta que al tercer día. La adultez golpeo mi cabeza de una manera tan directa que todo lo que creía esencial se convirtió en una especie de necesidad que no la podía cubrir con la cuota mensual de la edad. Entre amores libres y fracasos fuertes, estaba siendo lo que quise ser en la calesita azul de la costanera, pero un poco cambiado a mis sueños, tan distinto como lo imagine, que fue un pinchazo leve en el corazón. Ya no estaba en el camino recto, ni mucho menos en la calesita.
Estaba en el colectivo de la línea directa interprovincial, que me llevaba a mi departamento del barrio antiguo de la ciudad. Pesado pero un poco feliz, como si toda la imaginación era una mera fantasía que no iba ocurrir, de algo tan alcanzable como inalcanzable, que nos vendió algún programa barato de Disney.
Era adulto, todo lo que había deseado por años, lo era. Cuasi independiente, solitario como dije muchas veces, inteligente en conocimientos y llenos de miedo.
Llegue a la conclusión que mientras las ojeras y las arrugas llegan, tenemos más miedos, que seguridad.
Miedo a seguir luchando y no llegar a donde nuevamente nos planeamo.
Miedo a que un día muera un ser querido y darnos cuenta que no estuvimos por años por concretar esa idea nefasta de ser "alguien"
Miedo a que tus amigos de años se olviden de vos.
Miedos y mas miedos, miedo a fallar a encontrar la depresión a vuelta y no tener escapatoria.
Entonces, el miedo es parte de todo esto y siempre lo fue.
Y el miedo es el que nos hace llegar a lo indispensable.
Por el miedo tenemos coraje, tenemos ganas, y nos levantamos un día de lluvia para ir a la universidad o al trabajo.
Estamos hechos de miedo, de miedos buenos, miedos malos, pero al fin al cabo tenemos que ser fuertes para lidiarlo y hacerlo bueno.
En buscar el equilibrio para no desbarrancar.
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