Me habían preguntado en una de esas noches nubladas y de llovizna. -No te cansas de estar solo?- Es paradójico porque nacemos solos. Pero esta soledad hacía referencia a la de estar en pareja. Me han dicho que en el tiempo y luego de una ruptura tormentosa y dolorosa uno no vuelve a ser el mismo. Es verdad y respondí –No estoy solo, estoy conmigo.
No volví a ser el mismo que viajaba kilómetros enteros y provincias anchas por estar 48 horas con alguien. Ya no soy el mismo que ponía a una persona delante de sus amigos. Tampoco aquél que se deja levantar la mano en una discusión sin retorno a la paz.
Es muy difícil volver a ver el cielo de Berlín cuando te quebrantan, entonces en plena oscuridad la única que esta es la tirana soledad.
Volver a mirarte al espejo después de una bofetada pasada, mientras las imágenes te clavan como puñales en la mente.
Levantarte en las noches y abrazar la almohada, con el sonido de la aguja del reloj y el silencio en los corredores de la casa.
Es extraño porque uno al cabo de un tiempo es dependiente a ella, porque volver a construirse, no es simple, es jodido, triste y agobiante.
Entonces la respuesta puede tener muchas significaciones, muchos ítems que te ayudarían a creer que necesitas estar en una relación para no sufrir o para sentirte querido. CLARO EL AMOR NOS CONSTRUYE, pero cuando te destruye, estas solo.
El amor no es malo, los malos somos nosotros que elegimos mal.
Me olvide de los nombres de muchas amigas que me dejaron, de compartir momentos con mis familiares, por estar pendiente de algo tan enfermo como dos contricantes camino al fracaso.
No tengo ganas.
No hay ganas de volver al misma tuerca sin cerrar.
De perder mis ganas de vivir y mis sueños por medio hacer.
Entonces no me olvido de quién fui, de cómo llegue y quién estuvo.
Quiero estar solo mucho más tiempo.
Para descubrir lo agradable que son las mañanas.
Lo lindo que es despertar en la habitación y no tener que soportar una pelea por desconfianza.
Como también de irme hacía un lugar sin estar pendiente de otra persona.
Que mis hermanas me amen por estar en sus momentos fortuitos.
Y que me ame, al ir a entrenar en la quinta avenida para verme mejor.
Sentarme en las galerías de esta casa grande, ponerme triste y nostálgico sin que alguien le parezca ridículo.
No me olvido de quién estuvo.
Entonces no me puedo olvidar de estar solo cuando lo necesito.
Y esperar, que llegue y si no llega, será una melodía que no concuerda con la mía.
No me olvido de estar solo, porque solo me olvido de lo que me lastimo.
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