Hay realidades que no son planeadas, hay esferas donde tu credibilidad va perdiendo fuerzas, de repente !Bam! ocurrieron cosas, pasaron cosas.
La lluvia hizo que vuelva aquí, a mi lugar de inspiraciones, desolaciones y el espacio que sabe solo de historias.
Hace un tiempo atrás estaba perdido, muchas de lo que escribí, se hizo realidad como si fue el anticipo de que mi vida a podía tocar fondo. Porque muchas veces subestimamos las situaciones de nuestro pasado diciendo, yo estuve ahí, yo estuve en el fondo, del fondo, del fondo. Quizá sí. Habrá en algún lugar alguien que este peor, siempre hay alguien peor.
Pero mi 2019 se caracterizo por enterrarme en vida de situaciones que no tuve nada que ver, de deudas, de crisis financiera, de mucho faso, mucha mierda. Hasta que descubrí otra cosa que la vida en 23 años no me había mostrado de esta manera, siempre se empeño en demostrarme que habían cosas que simplemente no eran para mi, personas o simplemente era muy chico para entender que también yo era el problema. Cuando uno cree haber atravesado todos los conflictos, siempre puede pasar algo peor, algo inimaginable, algo que te tumbe, te ponga en jaque, duela mucho para que aprendas que hay personas para toda la vida y otras de un rato. De un simple hola, el amor lentamente me sano, me saco del remolino que iba lentamente llevarme a perder todo lo que con sudor, trabajo y tiempo construí. No me consto entregarme, el dolor, la angustia eran desoladoras, de 24 horas 6 pasaba bajo efectos de la marihuana, lo cual no es malo, pero estaba buscando respuestas en un lugar donde no estaba, por más sabio su sabor, por más viajes de ida y vientos en desiertos que despierte, iba llevarme más adentro que afuera. Hasta que llego, no importa su nombre, pero si importan las riendas que prendió con fuego intenso que movilizo cada espacio de vitalidad que estaban pronto por acabarse, me abrazó el alma, me curo los huesos, prendió las luces de la habitación, pulió los muebles lleno de polvo, fue la única persona que prendió una vela cuando estaban todas apagadas. Hay turbulencias en cualquiera de los vínculos, pero hacía mucho tiempo no reía con ganas, hacía demasiado tiempo que no sentía que todo tenía un propósito.
Los cálculos del destino me sorprende o llegan en los momentos de un alma esta por morir. Mis certezas de duración siempre son escasas, pero vamos a darle la cuota de confianza, porque no muchas veces te rescatan del poso, te toman la mano y no te sueltan.
Te quiero, agradezco haberme cruzado con vos, haberte dado el espacio para que crezcamos juntos.
La lluvia hizo que vuelva aquí, a mi lugar de inspiraciones, desolaciones y el espacio que sabe solo de historias.
Hace un tiempo atrás estaba perdido, muchas de lo que escribí, se hizo realidad como si fue el anticipo de que mi vida a podía tocar fondo. Porque muchas veces subestimamos las situaciones de nuestro pasado diciendo, yo estuve ahí, yo estuve en el fondo, del fondo, del fondo. Quizá sí. Habrá en algún lugar alguien que este peor, siempre hay alguien peor.
Pero mi 2019 se caracterizo por enterrarme en vida de situaciones que no tuve nada que ver, de deudas, de crisis financiera, de mucho faso, mucha mierda. Hasta que descubrí otra cosa que la vida en 23 años no me había mostrado de esta manera, siempre se empeño en demostrarme que habían cosas que simplemente no eran para mi, personas o simplemente era muy chico para entender que también yo era el problema. Cuando uno cree haber atravesado todos los conflictos, siempre puede pasar algo peor, algo inimaginable, algo que te tumbe, te ponga en jaque, duela mucho para que aprendas que hay personas para toda la vida y otras de un rato. De un simple hola, el amor lentamente me sano, me saco del remolino que iba lentamente llevarme a perder todo lo que con sudor, trabajo y tiempo construí. No me consto entregarme, el dolor, la angustia eran desoladoras, de 24 horas 6 pasaba bajo efectos de la marihuana, lo cual no es malo, pero estaba buscando respuestas en un lugar donde no estaba, por más sabio su sabor, por más viajes de ida y vientos en desiertos que despierte, iba llevarme más adentro que afuera. Hasta que llego, no importa su nombre, pero si importan las riendas que prendió con fuego intenso que movilizo cada espacio de vitalidad que estaban pronto por acabarse, me abrazó el alma, me curo los huesos, prendió las luces de la habitación, pulió los muebles lleno de polvo, fue la única persona que prendió una vela cuando estaban todas apagadas. Hay turbulencias en cualquiera de los vínculos, pero hacía mucho tiempo no reía con ganas, hacía demasiado tiempo que no sentía que todo tenía un propósito.
Los cálculos del destino me sorprende o llegan en los momentos de un alma esta por morir. Mis certezas de duración siempre son escasas, pero vamos a darle la cuota de confianza, porque no muchas veces te rescatan del poso, te toman la mano y no te sueltan.
Te quiero, agradezco haberme cruzado con vos, haberte dado el espacio para que crezcamos juntos.
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