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La mañana del 16 del día nublado.

Aquellas abrumadoras historias pasadas que encarnan los ojos de aquellos humanos que saborean sus ojeras en búsqueda de culpables, en aquellas realidades que opacan su luz. Nunca había logrado comprender el rencor ajeno, una parte de nosotros exije que el mundo no sea cruel con uno mismo. ¿Nos preguntamos qué estaríamos haciendo mal? Una mañana salí de la casa de mis padres fingiendo irme a la escuela. Aquellas caminatas infraganti donde pocos debían verme me llevaban a un lugar oscuro que pronto cambió mi vida para siempre. Al regresar, deje sumergir mi cara en la ducha, estuve debajo de sus aguas durante una hora, me sentía sucio, impuro y lastimado. Al salir veo a mi padre con la misma cara de amargado de aquellas personas que no tienen la valentía de asumir su rol y tomar decisiones. Siempre me pareció un hombre triste. Hoy lo veo mejor, aunque más alejado, me consuela la idea de pensar que es porque esta siendo el mismo. El me dejó ser cuando de pequeño quise trabajar y ser autosuficiente., siempre repetía una frase cuando algo estaba mal en mis acciones, " vos crees que te la sabes todas". Esa mañana había creído que sí, lo que mi mente no sabia es que estaba acabando con mi propia integridad. Los días fueron pasando, meses y años, quizá estaba acostumbrado a que me lastimen, que el acabar con mi integridad había pasado por desapercibido aquella mañana. El rencor había tomando un lugar en mi y sin darme cuenta lo dejé entrar, vivió allí durante mucho tiempo, me contó porque actuaba de aquella manera, sus miedos y trastornos. Con el pasar del tiempo, el mismo esfuerzo de supervivencia, lo fue apagando. Yo no era aquella mañana, yo no fui el gestor de mi propio destino, no fue mi culpa, tampoco de las personas que vinieron después, como los excesos que se apoderaron de un tiempo a esta parte. Quizá crecí, quizá las herramientas del destino son aquellas que lastiman y pueden ser flexibles como  las almas y contradictorias en sus reflexiones. Aquellas esquinas me vieron cruzar esa mañana sabiendo que una parte de mi jamás iba a volver a ser la misma. Hoy también pudo haber sido aquel día. En algún punto algo cuestiono la flexibilidad del destino y aquellas reflexiones se convirtieron en aprendizajes, contornos, arte, canciones, libros y más libros. Había crecido una flor en medio de la ducha de aquella mañana del 16, en silencio, apoderada de su belleza y resplandor, de su armonía y su fuerza, creció donde solo había oscuridad, creció en el mismo infierno, fuerte, constante, no se dejó vencer. 

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