Una forma de canalizarlos es escribiendo, me dijeron, me digo. Hace mucho tiempo una incipiente ganas de despertarme a través de del arte de la depresión, hizo su primer aviso, era la ansiedad. Una ansiedad que venía, los días de exámenes, las mañanas de colectivo en la línea 105, las salidas después del trabajo en las caminatas de 2 kilómetros, para ahorrar en remis. La escalada de ansiedad siempre se desarrollaba entre que me despertaba o acostaba mi cabeza para dormir. Era insomnio, jamás tristeza, muchas veces odio. Creo que hay una cierta susceptibilidad con las personas, pero aquellas que intentamos todo el tiempo no profundizar en la heridas, luego vienen y nos sacuden.
Durante años creía que " Yo podía con todo", " tengo tantos sueños, no hay tiempo para la tristeza" Si hermano, tiene que haber tiempo, me lo hubiese dicho en tantas ocasiones. Sinceramente no tenía tiempo, mi consejo es hacerte tiempo para sufrir, media hora, una hora, no importa. Durante meses conforme mi vida a pasar necesidades, no quería ser una carga, para mi, mucho menos para otras personas. Me puse en pareja, alguien tomó el mando de la ansiedad o de aquellas cosas que me preocupaban. Para que en un manto escandaloso de polvo se despierte mis gratificantes ganas de sentirme un parásito, de caminar por las calles y respirar por inercia, porque perdí o creo haber perdido gran parte de mis ganas de subsistir. La gente que me rodeó durante años, habían creado vínculos abstractos que personalmente construí sin querer, estando presente en sus momentos, para luego darme cuenta que nadie estuvo en los míos.
Quizá mañana me levante mejor. Pero corto acá, sigo mañana...
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