El había nacido de supuestos, en contextos con disimilitudes. La angustia de la desolación contradijo y al confundirse con las construcciones de los infanticidios parentales, descubrió que no había aprendido nada.
Cuando amarraba sus manos a la sabanas, en la habitación de los insomnios, las paredes combinaban su colorido abstracto a los gritos que expulsaban sus cuerdas vocales. En la desesperada ganas de creer que las mentiras pueden construirse de otras mentiras. - Entendió. Que donde nacía su neurosis, también nacía el goce de haberse cruzado con personas que alimentaban la desigual tristeza ante los abusos correspondiente a los archivos y engranajes que su maldito pasado.
Ocultos en actuaciones constantes de la teatralidad de su vida colmada y marchita. No importo el grito, nunca le importo su dolor, nunca empatizo con su rabia, ante la escena desesperada de las caretas de maldad que se disfrazan algunas personas.
El laberinto estaba tieso, pero colmado de puertas hasta el infinito de los cielos porque su alma trazada no poseía poseía, no existían melodías, ni una escapatoria segura ante la tirana realidad de infidelidades ocultas y verdades disueltas en el escenario.
Su roto presente, la atadura de los contratos que deciden celebrarse en tiempos de amor. Mientras sus piernas caminaban en cuclillas, sus manos temblorosas agarraban vidrios del espejo roto y afilados tenedores, no por su propio daño incipiente. Simplemente por cuidar del daño a quienes lo hieren.
Enamora con sus caderas, su cuerpo prominente lleno de inseguridad que destila en sus disfraces la sensualidad de un adonis manoseado en varias oportunidades. A los gritos implora, con las lagrimas siempre cella, porque ya nadie toma su tiempo de valorar la transparencia en la mirada, la empatía del dolor y de las décadas de silencio.
Que tu silencio se hizo eco de tus hechos. Tus gritos, colmaron mi cuerpo, pero mostraron tu inseguridad de vivir ante la sombra, de la pequeñez de tu persona que logra lastimar, cuando se encuentra ante la superioridad estética de tu propio reflejo de inseguridad. Siempre me preguntaba porque la gente era violenta, gritona y malhumorada. Te conocí en mi multitud y compre la fruta que brillaba en el cajón, pero al darle vuelta estaba consumida con su pobre alma, llena de llantos y obsesiones.
Rompiste pequeño, porque es mas simple. Te rompo, porque ya lo rompiste canalla.
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